jueves, 3 de abril de 2025

EL COLOQUIO DE LAS PLANTAS

 


Diente de león


1.

El silencio es una voz que escucho 
desde adentro.

Es una hoja dentada que me clava su filo 
en la memoria.

Recuerdo el borde recto de la palabra 
que tengo en la punta 
de la lengua 
ahora.

Es el silencio de la hoja 
cuando crece.

Tuve un tallo fuerte 
pero también el viento es fuerte 
y arranca árboles 
y casas.

Me cuesta hablar.

Las palabras me crecen como yuyos 
al borde de la ruta.

Son pocos para un incendio 
pero me acompañan

en el camino 
que cambia de color 
según las horas.

Viajo callada.

Mando al fondo donde hay lugar 
al nuevo pasajero.

Me mando atrás.

El vidrio de la ventana 
se ahúma cerca 
de mi boca.

2

Los grillos cantan cerca 
pero no escucho 
cómo trizan el silencio 
con sus alas.

No escucho lo pequeño 
porque recuerdo una tormenta 
y la tormenta aparece.

Demasiada lluvia no es buena 
para algunas plantas.

El mal tiempo amaina 
y en tu mano sobrevive 
el diente de león 
para el soplido.

Voy a pedir un deseo, 
un deseo que tenga dos, 
así no me equivoco.

Tengo una hermosa flor, 
una presencia mágica 
que tiembla 
sin desarmarse 
entre mis dedos.

Voy a soplar su cuerpo 
frágil.

Voy a desarmarlo, 
voy a hacerlo 
volar.

Voy a desperdigar 
sus partes 
en el aire.

Aleteos de semillas
y blancos
para mi mirada.

Voy a pedir un deseo, 
voy a soplar un diente de león 
con sus hojas lobuladas 
y dentadas.

Voy a destrozarlo.



Durazno

1.

¿Cuándo cayeron las hojas del durazno?

No me di cuenta del momento 
en que cayeron.

Las cosas que se alteran lento 
se vuelven invisibles 
pero igual cambian.

No es el tiempo ni el viento.

La caída es la pausa abrupta 
de una continuidad.

Las hojas se desprenden 
del árbol.

Bajan a la tierra.

Viven de agregado, como nosotros.

La luz les muerde las sombras 
sin preguntarles nada.

2

En alguna ciudad lejos de casa 
vas a caerte.

le caerás sobre una superficie dura 
y te lastimarás 
la rodilla derecha.

Vas a abrir tu rodilla derecha
con una herida profunda,
larga y aserrada
como los bordes
de las hojas
del durazno.

Te harán nueve puntos 
mientras estás sentada 
en la camilla negra 
de un hospital 
vacío.

Cicatrizarás tan lento 
que no te darás cuenta 
de cuándo tu piel 
terminó de sanarse.

Hay huesos que saben caer.

El tomillo y el enebro
alivian tu dolor 
y la lengua 
le pone un nombre 
al asunto.

Pero la palabra también 
es una herida, 
una caída al pozo 
donde defendés tu dolor, 
atrincherada
para que no ataquen tu dolor,
atrincherada
para protegerlo.

El silencio puede ser
una fruta dulce y aterciopelada
como el durazno.

3

Las nervaduras son señales
que ordenan el espaeio
de tu cuerpo:
contramano
ceda el paso
pare.

le estacionás despacio 
porque el juego de la belleza 
no tiene apuro.

Las nubes pasan lento 
a una distancia extraordinaria.

Pensás en volar
con tu cuerpo perforado
por gorgojos,
pero el peso del aire
es un ladrillo.

El terror a la naturaleza se aplaca 
como el viento.

Un cuerpo ardiente de luciérnaga 
rodea el tallo aéreo 
de tu respiración.

El mundo crece adentro tuyo
como un embrión celeste.

Tu raíz ramificada
se esparce mejor en ciertos suelos
y en ciertas circunstancias.

Mirás el piso a la altura de tus ojos 
y no recordás el momento 
en que te desplomaste.

Iodo fue tan lento 
que no te diste cuenta.

Las caídas no se ensayan.

Adentro de una cáscara dura 
que se llama hueso 
está su única semilla.

(Del libro homónimo,
La Ballesta magnífica, 2023)

Luciana Mellado 


Luciana Tani Mellado. Poeta, escritora y crítica. Vive en Comodoro Rivadavia. Trabaja como docente e investigadora en la Universidad Nacional de la Patagonia. Dirige el colectivo artístico “Peces del desierto”. Ha integrado, compilado y editado producciones de crítica literaria y antologías poéticas en el país, en Chile, en México, en España y en Alemania. Publicó los libros de poesía: Animales pequeños (2014), El agua que tiembla (2012); Aquí no vive nadie (2010); Crujir el habla (2008); y Las niñas del espejo (2006). Obtuvo premios por su trabajo académico y numerosas becas de creación e investigación en el país y el extranjero.




domingo, 30 de marzo de 2025

SUEÑO Y VIGILIA DEL SALMISTA

 




 Y eran notables

Y eran notables
en la mañana aquella
todo entre las flores y los pastos
todo
como de brillos inauditos
y quisieras, salmista, acaso ser
como de aire casi, no?
para no extraviar así
ni el más pequeño de los encantos
que saltan de precisos frente a tus ojos
tus ojos
que en un baile de la luz
se llegan
hasta casi más allá del linde que los cubre,
salmista,
abre tu sueño a tanta música. 



Durante toda la mañana

Durante toda la mañana discurrieron en la luz,
“pequeñas gracias”
que en correspondencia acaso con las sombras
se hacían como de un milagro
sobre los sueños de los paseantes
entre las calles de la ciudad.

La música 
que la noche inclina
descansa
llevada en aires por las “pequeñas gracias”
y en asomos de 
delicadísimos instantes
inaugura sus tonos y encantos
y el salmista
que mirando al cielo pregunta
o discurre sus visiones al aire
mientras más abre su silencio 
a que lo invada
en esa hora
una, algo así, precisión, se diría,
algo cierto tal vez hoy.

Llegan al redil
las “pequeñas gracias”
tocan liras de aire los ojos
cuando se destellan en la luz

y algo de lo que siempre ha sido
se revela en este tiempo hoy

y entre los intersticios
de la manera en que descansa y se recorta la luz
a lo largo del día



Es en una oración de campanillas

Es en una oración de campanillas
o apenas luciérnagas en la noche
que se abre, diríamos así, se abre,
al silencio
el corazón del salmista
mientras hila
y de qué finísimas maneras hila
unas alusiones, unos indicios,
que se derraman silentes
sobre el sueño de todos aquí,
aquí, 
donde la piedra es piedra
y el agua canto.

Se inclina al silencio el salmista
y si acaso fuera, a la hoja,
al blanco de la hoja
y se brindaran así como en un vértice
destellos del cielo o apenas recuerdos
que son nubes
lirios que abren sobre un sinfín de amaneceres.

Cruzan el cielo
las aves de mi sueño

y se figuran de espanto
ante la miseria y el horror

mas hilan,
y lo ves,
hilan desde allá

unas casi
delicadezas a decir aquí
y es un apremio
que al salmista recoge 
en una zozobra
en una ilación transparente de músicas sobre su nombre

dando así
quién sabe qué figuras
o un corro de luces
mas
dando así
unos apuros
unas urgencias

de delicada acentuación
de ilusiones precisas
y amores que son
las dichas
que resplandecen
al correr lento de la tarde
y en el descanso también, sí, 
del cielo
sobre los ojos del salmista
y tú
que aquí
abres su nombre
con tanto amor 
que das, en brotes tan tiernos,
unos cariños ciertos
a decir…a decir.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2025.
Envío de Alberto Cisnero)

Sergio Leandro


Sergio Leandro, nacido en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, 1981. Poeta.Vive en Argentina. Publicó los poemarios, “Hálito”, Barnacle (2022), “Un paseo entre las tumbas”, en formato digital.


viernes, 28 de marzo de 2025

LICOR DE MANDARINAS


EL ANIMAL QUE BUSCO (Libro inédito)


Una jaula perfecta

Para qué remontar 
La colina     si en algún lugar termina 
El pueblo

Para qué 
Calzarse 
En el estero

Si la arena quema

Y el agua filtraría por una 
Hendidura de la bota 
Marrón

Para qué besar 
Si luego

Caerá el deseo como 
Un diente cariado

Para qué encenderse Como si

Como si

Temblar de amor no fuera Más que
un fósforo de cera 

Pegoteado

En medio de las noches 
Blancas



Have you ever seen the rain?


Llevaba yo esa noche 
Mi cabello
Alisado

Y un vestido gitano 
De gasa    Tornasol

No era sencillo:
Pies, talón y punta con la música atrás talón y Punta

Vuelta a comenzar

Sin ritmo y sin 
Apoyo

Pero tal vez un roce 
Subrepticio

Y un cigarrillo apenas 
Apoyado
En la muesca 
Tornasol 
De la noche

(Por si alguien
Apagara La luz)

Paso talón y punta 
Alrededor Atrás

Y yo no había visto la lluvia    Todavía

Ni la sentí caer 
Ninguna vez 
Desde 
La cama

Sobre un Techo 
de zinc

Ni tampoco    La luna   Seriamente
Me había dado
Algo que decir  Sin embargo

Esa noche
Yo me había vestido 
De gitana
    


OTROS INÉDITOS

6

Creiste que ya estabas
Preparada
Para el declive
De la luz
Pero te falta leña
Y no tenés
Licor de mandarinas
En el estante alto


(Del libro "Licor de mandarinas",
Colección Estaciones, 2024)

Mónica Sifrim





Mónica Sifrim nació en Buenos Aires en 1958 y es egresada de la carrera de Letras de la UBA. Además de poeta, es docente, periodista cultural y editora. Publicó los siguientes libros de poesía: Con menos inocencia (1978); Novela familiar (1990); Laguna (1999); El mal menor (2008), que obtuvo el Primer Premio Municipal de Poesía en la categoría obra inédita. En 2012 hilos editora reeditó Novela familiar y publicó El talante de las flores en 2014. Un barco propio fue editado por Cienvolando en 2018. Coordinó ciclos de poesía como “Flora y fauna” en 2002 y recibió la beca del Fondo Nacional de las Artes y la Beca Fulbright en Letras, gracias a la cual residió seis meses en Berkeley (EEUU).A su regreso fue convocada a trabajar en gestión cultural como Coordinadora de Actividades Literaria de la Dirección General del Libro del Gobierno de la Ciudad. Participó de festivales internacionales como el de Trois Riviéres en Canadá y de residencias de artistas como la Fundación Bogliasco en Italia. Poemas suyos fueron traducidos a distintas lenguas y editados en diarios y revistas de Argentina y otros países y fueron incluidos en numerosas antologías, entre ellas “200 años de Poesía Argentina” (Alfaguara). Actualmente coordina talleres de lectura y escritura y clínicas privadas de narrativa y poesía y es editora en Cienvolando.




 

miércoles, 26 de marzo de 2025

NADIE MÁS QUE VOS SABRÁ MI NOMBRE


Lo amaba tanto
como si todos los hombres
y las mujeres del mundo existieran en él.



¿Cuál es esa nostalgia que me acecha, 
ese frío viento que acaricia?
Veo en tus ojos el silencio
de arena y monte,
veo la luna en su disipación.
No soy hija del viento, pero aún, 
intento planear como un pájaro.




La inherencia del sujeto 
a la familia constituye 
siempre su acceso 
a la profundidad de lo real.
Lacan (La familia).



De vuelta ese perfume.
Creo que la familia es algo así: 
un perfume indescifrable.

Escribo para que las cosas existan.

Intento hacer con el lenguaje un avión 
tirarlo al centro del cosmos 
miradas gestos 
ni una palabra 
que ensucie al mundo.
Llegar al núcleo de la nada 
donde todo gime.

La lengua se me acaba.
Me comieron la lengua 
esa que hablaba 
de bueyes perdidos.

Soy una niña en la acera
una niña en la acera con un globo
una niña en la acera fumando un cigarrillo
una niña desesperada por llegar

al punto de declive entre el cielo y la nada.


(del libro homónimo,
Barnacle, 2025,
Envío de Alberto Cisnero)


lanina Fornaro



lanina Fornaro (Ciudad de Buenos Aires, 1981). Poeta y psicoanalista. Hizo su formación clínica en hospitales de CABA. Publicó dos libros de poesía "Conjuros entre flores y furia" (la Docta Ignorancia] y "Un hogar en cualquier parte" (Ediciones En Danza]. Se interesa por la relación entre literatura, filosofía y psicoanálisis. Publicó artículos referidos al tema en diversos medios y en el libro "Borges: Muevas lecturas desde el Psicoanálisis" (en colaboración, 2021]







 

lunes, 24 de marzo de 2025

EL RÍO SECRETO


El agua empujó toda la noche yo la llamaba después
entendí que era inútil nombrarla: ella se llamaba a sí misma

todo esto pensaba cuando observé que el río detrás de los ojos
empezaba a secarse

ahora no puedo bajar los párpados

qué es esto de estar vigilante todo el tiempo ayer vinieron
sonidos apacibles y me dormí

este lugar no lo voy a dejar nunca


(el río secreto)



Mi mamá usa perfumes caros

este perfume es francés     me lo compró papá

fabrico fragancias con los azahares de los naranjos y los pétalos
caídos del jardín los sumerjo en una palangana un día entero
agrego al agua un poco de alcohol y ya está me mojo el cuello
y el escote



Se ha puesto una remerita de buclé a rayas celestes y está bien en
la puerta de calle con el aire y los hombres que pasan en bicicleta
y le dicen tantos piropos –¡mamita!– que se ruboriza qué
importa si en el fondo de la casa la están buscando para secar los
platos o guardar los cubiertos se está tan bien así con esos zonzos
que parece que se babean y ella las puntas bien erguidas de los
pezones mañana se pondrá la otra la de banlon blanca que le
marca más

                                (en la puerta)



Después de muchas vueltas en la bicicleta finalmente se asomó a
una de las ventanas sobre el muro del colegio
la luz intensa de la siesta iluminó los cuerpos
no se atreve a decírselo a nadie y no puede dejar de pensar
por el espejo grande de la habitación también espió a sus padres
ahora ella sabe



En el baño de Antonia me di cuenta de que me había venido
apareció una mancha de sangre en la bombacha me gusta ese
baño porque huele a ella

yo ya quería tener la regla para no tener que mentir en la escuela
cuando las chicas hablaban de eso

ahora puedo contar lo mío a la Yolanda los padres se lo
festejaron le dijeron con mucho orgullo ya sos señorita

ya sos señorita, machaca mi hermano, no abrás las piernas

los varones no tienen que cruzarse de piernas
me gustaría ser como ellos y hacer pis de parada

                                        (¿señorita?)



El primer día me duele mucho la panza mi mami está ocupada
no entiendo nada de nada al final creo que tampoco estoy
contenta me pregunto si alguna vez estaré contenta de algo
el Chango Barrera pasó varias veces en su bicicleta por la
platabanda yo sé que le gusto se te declara en cualquier
momento, dice la Mercedes         pero para mí es un pavo



Siempre admiró a la diosa del jardín

una Venus de yeso con brazos no como la del comedor de lujo
de marfil finísima pero mutilada

por las noches piensa en ella    el marido le cortó los brazos y la
arrojó al mar, le contó la Mercedes que parecía conocer la leyenda

de la Venus de Milo:

–Por puta
–¿Puta?
–Sí la que se abre de piernas a cualquiera

                                      (la Venus de Milo)



La Elsa habla de cosas simples
hoy se me juntó más ropa que ayer la señora me dejó un montón pero
por suerte ya adelanté bastante



Allí la mujer aguanta     el padre hace lo que debe hacer ajeno a
remilgos     y está bien      no es hora de lamentos

                                           (sin anestesia)



Este es mi otro escondite nadie sabe dónde estoy me trepo
a la parra y llego hasta el techo que da a la casa del vecino aquí
ya no se oyen las voces de las mujeres sí los pájaros todo
esto no se lo puedo contar a nadie ni a la Mercedes que me
cuenta cada cosa la Elsa dice que yo tengo labios sensuales
no sé qué quiere decir eso tengo ganas de besar a alguien y
pruebo en el espejo de mi cuarto cerrando los ojos a veces me
pregunto para qué sirve la escuela si la escuela no me saca esta
preocupación me gustaría ser bailarina y danzar en el aire y
olvidarme de todo
                                     (en la parra)



Marta Braier





Marta Braier nació en 1947 en San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán, República Argentina, y reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es Profesora en Letras desde 1972, con la distinción Summa Cum Laude, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Especializada en Creatividad y Crítica Literaria, coordina talleres de escritura. Entre 2003 y 2015 dirigió el Taller Literario para Jóvenes de la Biblioteca Nacional. Ha sido traducida al francés, catalán y portugués. Colaboró, entre otros, en el suplemento cultural del diario “Clarín” (1976-1987). Cuentos suyos fueron incluidos en el volumen colectivo “Sociedad de sueños” (1992), así como textos poéticos en las antologías “Poemas y relatos desde el Sur” (con prólogo de Aitana Alberti, en Barcelona, España, 2001) y “Antología de poesía argentina contemporánea. 18 poetas” (compilada por Cristina Madero, Mario Jorge Buchbinder y Daniel Calmels, Reflet de Lettres, de Francia, y Alción Editora, de Argentina, 2012). Dirigió en 1998 un ciclo de narrativa y poesía en “Liberarte / Bodega Cultural”. Poemarios publicados: “Gestos de minué” (Libros de Tierra Firme, 1999), “Ésta es la tierra, corazón” (Ediciones Último Reino, 2005) y “El río secreto” (Premio Único de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en Poesía Inédita, Bienio 2010-2011, Ediciones El Jardín de las Delicias, 2016).


IMAGEN: Perfil del face.

 

sábado, 22 de marzo de 2025

TEORÍA DE LA VOZ Y EL SUEÑO (2001)


DIARIO


1

Necesidad del día. Incidencia de las horas en el único rayo. 
La ansiedad de lo que se espera es fugaz. Lechosa y rosada 
luz de los amaneceres húmedos —todo parece ahora 
distante.



2

El sol de enero impregna el aire con ardor árido. 
Quiero recomenzar. Es un ejercicio de abstención -el
desarrollo de la sensibilidad del aire.
«la canción de los pinos» —nombra Darío.



3

Días en que el sol abre un manto grave, denso. Y la lluvia 
imaginada es como una lámina de hojalata.
Todavía, francotirador de los domingos, me lanzo al chillido 
de los pájaros.
Hierba rala.
Me embriago con la luna, con los nombres de las quejas. 
Cae el silencio: mi montaña, mi torre.



4

Es la tarde la que es eterna, la que deposita la melancolía 
sobre los párpados, la que me hunde en esta marea de 
espacios.
El punto relativo es el velo del dolor. No puedo caminar 
más que entre árboles.
¿Eres nueva en el puente invisible? —dicen. 
Transfórmame, amado mío, haz que crezca en lo 
perecedero, en la muerte de mi infancia.



10

El verano complace una parte del deseo del cuerpo —pero 
ese deseo no estaría sin la luz de ojos en la edificación 
de los objetos.
Objetos lacustres, tapiz terreno, espejos. No puedo unir 
partes ni átomos, ni brazos. Atolladero carnal —con el peso 
de los días suplantar la fuerza de los montes, la atrofia 
de la dicha.
Salvaje caducidad, inmóvil.



11

Me duermo sobre esta tierra acre.
Quejas —un túmulo de ruinas de las que surge la «boca de 
la esfinge».
Sombras en el borde del mar, mientras me duermo. 

Imposibilidad de soportar la debilidad de las puertas.



13

No puedo adaptarme al comienzo —y eso, en realidad, solo 
al comienzo. El futuro es como un hueco, al que se tiene la 
ilusión de llenar. ¿Pero qué es, sino el descenso hacia el fin 
de nuestros días, el hundimiento en ese espacio difuso, en 
ese tiempo difuso, en que no seremos?
La palabra de la finitud es un alimento de gestos aparentes, 
de sueños frágiles. La experiencia de la finitud nos libera de 
la posesión, de la distancia, de la idea de la continuidad, de 
los alcances del dolor.

No puedo adaptarme al comienzo. Y vuelvo a comenzar. Y 
vuelvo a comenzar. ¿Qué ha cambiado en el transcurso de 
estas horas, de estos días, de estos años? Pierdo lo vago del 
olvido y bebo en la ansiedad.
El sol de raíces verticales, la fatalidad de cristales de imán.



18

¿Qué es lo que recomienzo? —la escritura, la escritura que 
pretende ser una lectura, tamizar con los signos la espesura 
del mundo. Y el mundo siempre se configura para sus fines, 
y la contemplación solo se desarrolla en analogías.
La escritura como analogía —y no como expresión: 
construir otra naturaleza sin moral, sin biomas. Entonces 
eso: una experiencia de abstención y una construcción 
poética que exhiba su desarrollo como su símbolo, a la vez 
vacío de referente, vacío de explicaciones, aislado de ideas.



19

Extravío. Vuelvo sobre el bosque y sobre la idea del bosque. 
Voy errando, con un sueño que se corta al amanecer, y en la 
noche se repite, como una tela celeste o astral —indivisa en 
sí, sin espesura.




******

Boomerang Naturae *

Ahora que el desierto avanza, 
la sequía avanza, 
empezaste a recordar el lugar 
en que el hilo ovillado 
tiene la punta
-la sed impetuosa confía en su fin.

En los escombros de los terrones desgranados 
lo exuberante es un sueño de afrenta: 
talada está la selva para que crezca 
necesidad de opulencia 
y los otros sean otros 
siempre tenaces para atravesar 
el destino con sus dientes.


* Publicado en Germán Weissi y Laura Mazzini (eds.), Poesía manuscrita, vol. 2, Buenos Aires, s. ed., 2009.


(Del libro: Boomerang naturae,
poesía reunida (1976-2022),
emecé,2025.)
Liliana Ponce 


Liliana Ponce nació en Buenos Aires en 1950. Egresó de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Desde muy joven frecuentó círculos de poetas e intelectuales. Primero se la vinculó con los grupos en torno a las revistas Último reino y La Danza del Ratón; más tarde, con quienes colaboraron en la redacción de la revista tsé-tsé. Realizó lecturas en numerosos ciclos de poesía y participó de encuentros poéticos en Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica y Uruguay. Es estudiosa de la escritura, la literatura y las religiones de Japón, cultura con la que tomó y mantiene contacto desde sus años universitarios. Publicó los libros de poesía Trama continua (1976; Primer Premio Fondo Nacional de las Artes), Composición (1984), Teoría de la voz y el sueño (2001), Fudekara (2008), Paseante y huésped (2016), y las plaquetas Atención /Intención (2011) y Poiesis para unir discursos partidos (2019). Una antología de su obra, Mi jardín salvaje, fue publicada en 2020 en Colombia. Se desempeñó como docente y fue correctora y redactora en distintas editoriales. Vive y trabaja en el barrio de Flores.